El misterio de por qué el futbol suscita
tan gigantesco interés y emoción

Alejo Martínez Vendrell[1]

Hoy quiero capitalizar el estupendo libro “El Deporte Rey. Ritual y fascinación del fútbol” del brillante zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris. Quisiera transcribir al menos su introducción pero, careciendo de espacio, me conformaré con parafrasearlo: Los animales humanos tenemos unos comportamientos desconcertantes, originales y a veces inusitados. Imaginemos que justo en el momento de la inminente final del campeonato mundial de futbol 2014 se está acercando a nuestro planeta un platillo volador de una muy avanzada civilización extraterrestre.

            Entonces, ante su poderosa y globalizadora mirada aparecerá que en medio de una relativamente diminuta, para la dimensión planetaria, construcción ovalada, aunque enorme por ser propia para dar cabida a más de 100 mil terrícolas, se encuentran todos ellos vibrantes de emoción y concentrados en lo que está sucediendo a lo largo y ancho de un espacio central verde, donde 22 agitados seres corretean, persiguen y patean tan veloz como afanosamente una pequeña pelota redonda, la figura geométrica que mejor se presta para lograr los desplazamientos más espectaculares.

            Pero lo más sorprendente y asombroso radica en que a todo lo ovalado de nuestro planeta más de 2 mil millones de los 7 mil de estos numerosos pero extraños terrícolas, están todos muy atentos e igualmente emocionados observando con atención unas cajitas luminosas en donde las imágenes reproducen con exactitud justamente todo lo que está sucediendo en ese pequeño espacio verde del mundialmente conocido estadio de Maracaná.

            Los ultra-civilizados extraterrestres se preguntarán perplejos: ¿De qué se trata este evento tan importante, que concentra la atención de casi un tercio de la humanidad? ¿Por qué hay tanta y tan generalizada atención y emoción alrededor de esa persecución de pelota? ¿Es acaso un trascendente evento de carácter económico, científico o religioso? ¿O será acaso un dignificante suceso político, humanista o artístico? ¿Será un acontecimiento que implique trascendentes consecuencias para el futuro de la humanidad? Pronto descubrirán que no es nada de eso; sino que se trata simple y llanamente de ¡la magia del futbol! El deporte más popular, más difundido, más universal y practicado de nuestro planeta.

            Quienes desde un plano de aparente “superioridad intelectual” puedan tender a menospreciar o minusvalorar el fenómeno social del futbol, en ningún caso podrán desconocer que no debe ser tan intrascendente el suceso que, por encima de cualquier otro evento en el mundo, a lo largo de toda su historia, es el que logrará congregar la presencia, atención y hasta la emoción del mayor número de personas, alcanzando hasta los más recónditos lugares del mundo. El mayor récord de la historia. ¿Sería razonable menospreciar un evento de esa magnitud y naturaleza?

            En los capítulos siguientes el autor del exitoso libro “El Mono Desnudo” hace un despliegue de su especialidad en etología con su profundo conocimiento científico sobre el carácter y modos del comportamiento humano y de su connatural parte animal. Escudriña en torno a lo que puede explicar ese peculiar interés por algo que aparentemente no tuviera mayor trascendencia. Según Morris, gran parte de la evolución del ser humano y de nuestros ancestros pre-humanos tomó cerca de un millón de años, los cuales estuvieron dominados por la función de la cacería como una base esencial de la supervivencia. Esta actividad se realizaba con mucha mayor eficiencia cuando se practicaba en grupo, en coordinado equipo.

            Ejercitarla así durante tantos milenios nos dejó una profunda huella cultural. Tal como nuestro cerebro revela con transparente claridad la evolución biológica que experimentamos, donde las capas más internas corresponden al cerebro reptil y sólo las más externas son las de carácter más típico humano, así nuestros actuales comportamientos sociales revelan la existencia de una especie de cultural herencia genética. Tanto el futbol como otros deportes constituyen, en la visión de Morris, un irresistible simbolismo en el que se representan diversas facetas de nuestra vida y apela a nuestras muy hondas raíces ancestrales de cazadores. Usted amable y conocedor lector, ¿tiene otra explicación más plausible? Ω

[1] Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM.