María Julia Arriaga Estrada*
Estaba en la cocina Moisés Plata,
como siempre dando lata.
Buscaba algo pa’ picar,
un antojo muy sabroso que se pudiera deleitar.
Caminó con paso decidido,
revisaba y se cuidaba de no hacer ningún ruido,
checaba y no encontraba,
pero en su interior se preguntaba:
-¿Octavio y Mario dejarían aquí algo fresco?
– Tal vez un taco, unas papas o un refresco.
Pero Gis lo sorprendió risueña,
con su sonrisa siempre halagüeña.
-¿Ya te vio la calaca veloz?
-Cada mañana te grita feroz:
Moi, Moi! ¡Ya vengo por ti!”
Pero tú te escondes por ahí.
-No lo he visto -dice Gis con destreza-
-Búscalo en la azotea, en el estacionamiento o en alguna pieza.
Porque Moisés nunca está quieto,
anda arreglando siempre algún objeto.
Regando plantas, poniendo un tornillo,
o reparando algún detalle del pasillo.
La Muerte cansada lo quiso atrapar,
pero Moisés se volvió a escapar.
Con su destreza y su buen humor,
maneja muy contento sin temor.
Acelera y sabe manejar,
y a La Huesuda esquivar,
La Flaca suda sin parar,
¡y no lo puede alcanzar!

* Integrante del equipo de la Unidad de Indicadores y ganadora del “Primer Concurso de Calaveritas Literarias del PUDH, 2025”.
