José Pablo Hernández Ramírez*
En los años recientes, la transición tecnológica ha dado un salto resaltable, que se refleja en la Inteligencia Artificial Generativa (IAGen), una herramienta que, en contraste con la IA tradicional, mediante prompts o comandos, es capaz de generar texto, código e imágenes, en vez de solamente clasificar o analizar los datos existentes, redefiniendo la manera en que se organiza el trabajo. Ello tiene impactos distintos en cada industria, y la “industria legal” no es la excepción. Se estima que hasta el 44% de las tareas legales actuales pueden ser automatizadas.[1]
Esta oportunidad puede permitir que pequeñas y medianas clínicas de derechos humanos, como la Clínica Jurídica del Programa Universitario de Derechos Humanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (PUDH-UNAM), nivelen la balanza frente a grandes despachos, al poder incrementar drásticamente la productividad de cada abogado que se desempeña en estas clínicas.
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