de la Barreda Solórzano Luis*

¡Tres horas de cola para entrar al Estadio Azteca (me niego a llamarle Banorte), después de una hora de autobús y una caminata de tres kilómetros, en varios casos con un niño sobre los hombros! Y al llegar a la puerta de acceso tras esos 180 minutos de espera, otro problema: como había dificultades de internet no era fácil comprobar que se poseía un boleto electrónico. Muchos aficionados no pudieron ingresar sino hasta el segundo tiempo. Quienes amamos al fútbol comprendemos la frustración que implica perderse la mitad del partido habiendo llegado con mucha anticipación.
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