Primer Lugar

Calaverita para Moisés Plata

María Julia Arriaga Estrada*

Estaba en la cocina Moisés Plata,
como siempre dando lata.
Buscaba algo pa’ picar,
un antojo muy sabroso que se pudiera deleitar.

Caminó con paso decidido,
revisaba y se cuidaba de no hacer ningún ruido,
checaba y no encontraba,
pero en su interior se preguntaba:
-¿Octavio y Mario dejarían aquí algo fresco?
– Tal vez un taco, unas papas o un refresco.

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Segundo Lugar

Calaverita literaria al PUDH

Dariana Nava González*

En el PUDH reinaba el saber,
defendiendo derechos sin retroceder,
cuando La Flaca llegó curiosa,
a ver si encontraba gente ociosa.
Chío y Yadira, en la delegación,
revisaban papeles con gran precisión.
“¡Aquí todo está bajo control!”,
dijo La Flaca, perdiendo el rol.

Noemí, en Secretaría Académica,
con su agenda siempre metódica,
le dijo a la muerte sin titubear:
“¡Con cita previa la puedo anotar!”

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Tercer Lugar

Calaverita al Licenciado Filemón

Diego Rico Martínez*

La Huesuda recibió al Licenciado Filemón
Inquirió, Yo por más que la busco, la justicia no la halló, ¿Dónde está?
El Licenciado temblaba, viéndose bien metido en su cajón
Sin fianza o medio que impugnar, ya no hay nada que ingresar

Mejor pare bien la oreja, cátedra le voy a enseñar
Aquí se admiten corruptotes de a montón
El Licenciado Valeriano tampoco se quería subyugar
Usted con cédula prestada y saco rebajado, en el mismo supuesto está

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La muerte en la cultura mexicana y la tradición del Día de Muertos

Mario Alberto Naranjo Ricoy*

Experiencia común a todos, poseedora de un misterio intrínseco. Acaso se deba a ello que la muerte es causa permanente de preocupación y desasosiego entre los individuos y las colectividades. Somos seres vivos y también somos mortales. Habiendo constatado nuestra condición humana, frágil y transitoria, ¿qué hacer, sentir y pensar ante ello? ¿Cómo lidiar con ese, nuestro destino inexorable?¿Qué es lo que ocurre cuando uno muere? Una vez que cesa nuestra existencia ¿nos convertimos en nada o nos transformamos en otro modo de ser? Al partir de esta tierra ¿hacia dónde vamos? ¿Qué hay más allá de este tiempo y espacio?

Prácticamente todos los pueblos, culturas y civilizaciones han sentido inquietud, cuando no angustia, ante tal acontecimiento, tan tremendo como inevitable. Para dar respuesta a sus dudas en torno a la muerte, desarrollaron sistemas complejos de creencias, prácticas, rituales y tradiciones con los que la dotaron de cargas simbólicas extraordinarias y significados profundos. Los hallazgos arqueológicos y antropológicos de ofrendas cuidadosamente dispuestas, de urnas funerarias bellamente decoradas, de entierros fastuosos de personajes ricamente ataviados, así como de edificios gigantes y lujosos usados como tumbas o mausoleos, nos proporcionan numerosas evidencias materiales de la importancia que la muerte ha tenido en la historia desde las épocas más tempranas.

La muerte en las culturas indígenas mesoamericanas

El caso de México no ha sido la excepción. Las culturas de nuestro pasado indígena desarrollaron un vínculo estrecho con la muerte. Para los antiguos nahuas del valle de México, señala el maestro Alfredo López Austin, cuando la persona moría su principal potencia anímica, el teyolía (radicado en el corazón), iba al Mictlán o “lugar de los muertos”, ubicado en lo profundo de la tierra. Según la naturaleza del deceso, también podía ir a otros destinos sobrenaturales como el Tlalocan o “lugar de Tláloc”, o bien a la casa del Sol, donde lo esperaban las distintas divinidades que regían en cada uno de ellos. El teyolía o “semilla-corazón” residía en dichos lugares durante cierto período de tiempo, ocupado en diversos quehaceres cósmicos y encomiendas divinas, hasta quedar limpio de todo rastro de vida anterior y dispuesto para integrarse en un nuevo ser y volver al plano de la vida.

Así, los nahuas y demás pueblos originarios de Mesoamérica no concebían la vida como una línea unidireccional que al final era interrumpida por el fallecimiento de la persona, tampoco veían a la muerte como el castigo impuesto a la humanidad por la culpa del pecado original y la desobediencia al Dios único (como en el cristianismo), sino que vida y muerte eran dos fases de un mismo ciclo cósmico perpetuamente recomenzado gracias a la colaboración entre las deidades y todas las criaturas mortales, incluidos los humanos.

Otro rasgo a destacar de las culturas indígenas mesoamericanas es la existencia de ceremonias y rituales dedicados a los muertos y a las deidades de la muerte. El maestro Alfredo López Austin clasifica dichas celebraciones en cuatro grupos: 1) Culto a los dioses de la muerte en tanto responsables de parte del ciclo de la vida; 2) Culto y veneración a los antepasados y sus restos mortales; 3) Culto a los difuntos y sus entidades anímicas, a las que se ayudaba a llegar a su destino mediante ofrendas; 4) Culto a las fuerzas sobrenaturales contenidas en los restos corporales de los difuntos o “reliquias”, usadas como objetos sagrados y mágicos. Todos estos cultos y sus prácticas asociadas pueden considerarse antecedentes de la tradición actual del Día de Muertos. Sin embargo, la raíz latina, hispana y católica de nuestra cultura (específicamente el contexto socio-cultural de la Baja Edad Media) aporta otros antecedentes respecto a la misma tradición.

La muerte en la cultura católica de la Edad Media

En el siglo XI, el abad de Cluny (Francia) pugnó porque la celebración de Todos los Santos fuera el 1 de noviembre, fecha que la Iglesia de Roma adoptó dos siglos más tarde y el Concilio de Trento ratificó posteriormente. Dicha celebración consistía en que todas las iglesias y conventos exhibían públicamente las “reliquias”, es decir, los restos óseos, atuendos y demás pertenencias de los santos que resguardaban; lo anterior, con el fin de que los fieles les ofrecieran oraciones (conocidas como “sufragios”) para el descanso de su alma y la de todos los difuntos, a cambio de que intercedieran por ellos ante Dios para el perdón de sus pecados.

Dada la cantidad de reliquias, así como la fuerza de la convicción en su poder mediador, los feligreses transitaban en masa por iglesias y conventos, dispensando sufragios y acumulando indulgencias, por lo que la celebración del Día de Todos los Santos adquirió la forma de auténticas peregrinaciones populares. En los reinos de Castilla y Aragón, cuna de los Reyes Católicos, la celebración incluía la preparación de alimentos a propósito de la misma, entre los que estaban los panes y dulces que imitaban a las reliquias, es decir, los huesos de los santos, cuyos nombres se les colocaban encima. Estos alimentos serían genuinos predecesores de nuestro pan de muerto y nuestras calaveritas de azúcar. Con sus variantes, la celebración se difundió por todo el orbe católico europeo.

Por otra parte, la adopción del 2 de noviembre como Día de los Fieles Difuntos ocurrió en el siglo XIV, después de que la mayor epidemia de peste negra de la historia atacara parte de Asia, casi toda Europa y el norte de África, causando una gran mortalidad. Ese día, las iglesias y sus alrededores eran decorados con listones negros y en las paredes se colocaban estandartes con pinturas de huesos y frases alusivas a la muerte. En la nave principal de las iglesias se montaba el “Gran Catafalco”, una plataforma al estilo de las usadas en las ceremonias de entierro, adornado con huesos y esqueletos. Los oficios religiosos del día culminaban con un sermón y un rosario doloroso.

Así, el 1 y 2 de noviembre fueron ocupados en el calendario católico para recordar a los santos y a los seres queridos fallecidos, así como para pedir perdón por los pecados propios y ajenos y reflexionar sobre la fugacidad de la vida terrenal, pero cultivando la fe en la resurrección. Todo ese conjunto de creencias y prácticas religiosas en torno a la muerte fue trasladado e impuesto a los pueblos y culturas originarias del Nuevo Continente, Mesoamérica incluida, a finales del siglo XV.

Conquista y evangelización: el Día de Muertos en la Nueva España

El arribo de la expedición encabezada por el Almirante Cristóbal Colón al “nuevo” y “desconocido” continente, con todas sus consecuencias posteriores, marcó un hito en la relación de los pueblos originarios con la muerte, tanto en sus concepciones de la misma como en sus prácticas en torno a ella. Paralelamente a las guerras de conquista, las masacres y las epidemias mortales que diezmaron fuertemente a la población, sobrevino la llamada “conquista espiritual” llevada a cabo por la Iglesia Católica a través de las órdenes mendicantes de franciscanos, dominicos y agustinos, principalmente. La religión y la cosmovisión mesoamericanas fueron demonizadas y condenadas, los indios acusados de herejía y anatematizados.

La evangelización introdujo una nueva concepción religiosa entre los indígenas, quienes la adoptaron y adaptaron, más por la fuerza que por genuino convencimiento, si bien hubo algunas afinidades que facilitaron el proceso, como sería la creencia en los poderes sobrenaturales de los restos corporales de los difuntos, presente tanto en la cosmovisión indígena como en la religión católica, como ya se ha mencionado en este escrito.

Las enseñanzas sobre la crucifixión y resurrección de Cristo para la salvación de la humanidad, la inmortalidad del alma, la condena y la vida eternas, la promesa del paraíso y la amenaza del infierno, las acechanzas del demonio y las bendiciones del Dios todopoderoso y su corte celestial, fueron algunas de la nuevas creencias que se impusieron sobre la cosmovisión indígena hasta desintegrarla, lo que no impidió que hubiera rasgos persistentes y resistencias culturales provenientes de las tradiciones y creencias previas.

Así se produjo un abigarrado sincretismo religioso. Muestra de ello son algunas obras de arte sacro colonial que, al ser ideadas por españoles pero ejecutadas por indígenas, tocan temáticas típicas de los primeros pero con una notoria influencia de la tradición pictográfica de los segundos. Otra muestra se puede encontrar en el culto a la virgen de Guadalupe asociada a la diosa prehispánica Tonantzin, o en un culto tan peculiar como el de “San Pascualito Rey”.

En ese crisol cultural complejo y problemático, en medio de las profundas contradicciones y conflictos que implicó el orden sociocultural novohispano y su ejercicio violento del poder simbólico, se fraguaron las formas inéditas de la festividad en cuestión: el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos o Día de muertos. De modo que no es equivocado decir que el Día de Muertos es sobre todo una herencia colonial, como señala Elsa Malvido.

En la Nueva España, para celebrar el Día de Todos los Santos se debieron trasladar desde Europa algunas reliquias: pedazos de ropas, partes de esqueletos, supuestas astillas de la santa cruz y hasta espinas de la corona de Cristo llegaron al puerto de Veracruz, desde donde los indígenas recién cristianizados las acompañaron en caravana hacia la capital colonial, haciendo música y levantando arcos de flores a su paso. También se produjeron las confituras que imitaban las reliquias, a las que se les llamó alfeñiques, término árabe de procedencia andaluza. Junto con los panes con forma de niños o con forma redonda y los “huesos” encima, se vendieron en puestos ambulantes montados cerca de la Catedral metropolitana, en la que después se conoció como Feria de Los Muertos.

La tradición se consolidó durante los trescientos años del periodo colonial. Cada 1 y 2 de noviembre, las clases populares novohispanas llevaron a bendecir “las reliquias de pan y azúcar” para después colocarlas en la mesa del comedor, acompañadas de alimentos y veladoras, a la espera de que las almas de los muertos llegaran de visita. Ya en el siglo XVIII, ambas celebraciones habían adquirido la forma de una fiesta popular que era conocida como la “Verbena de Todos Santos” o el “Paseo de los Muertos”.

El Día de Muertos después de la Colonia

Sin embargo, la tradición no permaneció impoluta. En el contexto de las Reformas Borbónicas de finales del siglo XVIII, los panteones fueron trasladados a las afueras de las ciudades y villas como una medida de higiene pública. En el siglo XIX, en medio de la pugna de los liberales en contra de la iglesia católica, se construyeron panteones civiles. Estas medidas provocaron que la celebración se trasladara a estos nuevos escenarios. Ahí se formó la costumbre de visitar los panteones esos días llevando alimentos y bebidas, dada la distancia que había que recorrer. Así, las escenas que aún podemos ver en pueblos como el de Mixquic, Milpa Alta, tienen un origen más moderno del que solemos adjudicarles.

Ya en el siglo XX y XXI, el Día de Muertos ha seguido viviendo una serie de transformaciones. Un factor decisivo que ha incidido en dicho proceso es el Halloween, tradición de raigambre anglosajona que se ha traslapado con la nuestra dada la proximidad con Estados Unidos y la poderosa influencia de su cultura. La aparición en la película Spectre (de la saga de James Bond)  de un desfile carnavalesco en la Ciudad de México con motivo de esta celebración, así como la representación animada de la tradición mexicana en la película Coco, de los estudios Pixar, son dos factores contemporáneos que forman parta de ese largo y complejo proceso histórico en el que la tradición del Día de Muertos se ha inventado y reinventado constantemente, como bien señala el historiador Eric Hobsbawm respecto de toda tradición.

Conclusión

La tradición del Día de Muertos es parte sobresaliente de la cultura mexicana. Sin embargo, tradición y cultura no son conjuntos simbólicos estáticos sino que se encuentran en constante movimiento, como se ha visto en este texto para el caso del Día de Muertos. Por lo mismo (y a manera de reflexión final), no es pertinente reificar (considerar como cosas inalterables) a las tradiciones e identidades culturales, pues se corre el riesgo de caer en posiciones fundamentalistas y tendencias intolerantes. Más bien habría que reconocer que la cultura a la que pertenecemos y que nos dota de identidad está conformada por numerosas corrientes y derivas simbólicas que le anteceden. Como afirma Bolívar Echeverría, la cultura puede ser concebida como un “cultivo crítico de la identidad”. En ese proceso, tal y como lo muestra el estudio de la muerte en la cultura mexicana y la tradición del Día de Muertos, la pluralidad y la diversidad cultural son fuente de enriquecimiento, no de distorsión, aun cuando sea preciso reconocer que esto ocurre en el seno de conflictos y luchas por el ejercicio del poder simbólico.  

Referencias bibliográficas

Alfredo López Austin, “Misterios de la vida y de la muerte”, Arqueología Mexicana, vol. 7, núm. 40, noviembre–diciembre, 1999, pp. 4-9.

Elsa Malvido, “Ritos funerarios en el México colonial”, Arqueología Mexicana, vol. 7, núm. 40, noviembre–diciembre, 1999, pp. 46-51.

__________, “La festividad de Todos Santos, Fieles Difuntos y su Altar de Muertos en México, patrimonio ‘intangible’ de la humanidad”, Patrimonio Cultural y Turismo 16 – Cuadernos, pp. 42-55.


* Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y asistente de la Secretaría Académica del PUDH. Correo electrónico: mario.naranjo@pudh.unam.mx

Otras calaveritas participantes

Defensa del más allá

Por Diana Paola Cruz Castillo*

A las 9 de la mañana, el timbre sonó
alguien inquieta llegó a buscar asesoría,
era La Huesuda, tocando el portón
buscando desesperada una defensoría

“¿Qué se le ofrece?” Moy le preguntó
“¡Defensa jurídica!” La Catrina exclamó
Los clínicos corrieron con mucho fervor
en cuanto sospecharon de una vulneración

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En huesos viejos canta el alma

Por Erick Moan Mota Miranda*

En huesos viejos canta el alma
La nostalgia toma la palma,
El amor que fue pura llama,
hoy es humo, risa y drama.

La Catrina, con su encanto,
me invita a un oscuro canto.
“Ven que la tumba hay fiesta,
entré flores y papel picado en esta gesta”

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La Muerte llega a la Clínica Jurídica

José Antonio Hernández Rincón*

Temprano y de improvisto
La Muerte llegó sin aviso
“Vengo a llevarme a uno,
decidan por ustedes mismos”

Con un miedo insondable
platicaban inquietantes
con La Muda inestable
quien miraba exorbitante

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Juicio Mortal

Miranda Guadalupe Mancilla Hernández*

A La Clínica Jurídica un día de octubre
La Parca llegó con olor a azufre,
buscando sin caso al pobre ilustre
que le ayudara a evitar pagarle al sastre.

Lúgubre por su deuda, una vela prendió
para ocultarse del actuario al cual desafío.
Los muchachos con ingenio hicieron el interrogatorio
sin miras ni prejuicio, con un ambiente muy propicio.

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La Clínica

Ariadna Denisse Pérez Quintanar*

Llegó La Muerte a La Clínica
pidiendo una asesoría
con una risa muy cínica
el equipo uno le atendería

La empezaron a entrevistar
para saber qué era lo que ella quería.
Atentos se sentaron a escuchar
los de derecho y también psicología

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Entre alegatos y pozole

Mary Carmen Martínez García*

La Calaca con gran entusiasmo
entre salto y brinco, gritaba:
“Noemi, Noemi, tus argumentos son viejos,
ahora te toca un juicio en el otro lado”.

La licenciada sin calma y angustiada
le suplicó que no molestara
La Catrina muy enojada y desesperada
le dijo: “Hubieras pensado en mi juicio,
déjate de payasadas”.

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La Muerte cabizbaja

Eduardo Buendía Reséndiz

Cabizbaja andaba La Muerte,
cansada de usar la guadaña,
que decidió descansar
y no vestir de letrada.

De su ausencia nadie se enteró.
La gente alegre de no morir
de festejar nunca cesó,
olvidando sus derechos.

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La Huesuda hambrienta

Gisel Guadalupe López Espinosa*

Estaba La Catrina sentada en la cocina,
esperando la hora de llegar a la comida.
Cuando de repente llega Mario, Moisés y Octavio
y que le ganan la comida.

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La Huesuda justiciera

Lizbeth Vivian Galicia*

Por los campos y tribunales
La Huesuda fue a pasear,
buscando entre los mortales
quién sabía respetar.

Vio a unos que hablaban de vida,
de cuidar y preservar,
y otros de leyes justas,
que no sabían ni sumar.

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Muerte y Hacienda = Muerte y Trabajo

Erik Josué Galicia Pérez*

En la ley y el trabajo, La Muerte vino a estudiar,
y al pobre trabajador quiso sindicalizar.
El patrón temblaba al verla llegar:
-iNo me vayas a liquidar!

Con contrato en mano y cláusula fatal,
firmó La Catrina un despido laboral.
El doctor Alfredo dio un paso al frente,
y con maletín en mano alejó a La Muerte.

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Migración y los nuevos contextos jurídicos, sociales y culturales

Por Zenaida Bautista Hernández[1]

Introducción

La migración es un fenómeno global que trasciende fronteras físicas, afectando contextos jurídicos; sociales; culturales; económicos y políticos de los migrantes así como de las sociedades que los acogen. La tesis que sustenta éste análisis es que los contextos no solo condicionan la percepción migratoria, sino que también reflejan las tensiones entre la seguridad nacional sobre la protección de los derechos universales, perpetuando prejuicios y dificultando la integración y el pleno desarrollo de los migrantes. Para desarrollar esta idea se hablará de las políticas migratorias restrictivas relacionadas con la seguridad nacional, y el papel de los organismos internacionales en la protección de los derechos de los migrantes en los países receptores y emisores.

Políticas migratorias restrictivas y la seguridad nacional

El derecho internacional reconoce el derecho a migrar como parte de los derechos humanos fundamentales, pues se sientan las bases de éste derecho en el artículo 11 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,[2] así como en los convenios y tratados internacionales firmados y ratificados por México que se verán más adelante, y demás normatividad como la Ley de Migración.

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Hacia un enfoque integral para la protección de los derechos humanos en México

Por Erick Moan Mota Miranda[1]

Introducción

México enfrenta desafíos significativos en materia de migración, derechos humanos y diversidad cultural, afectando a grupos vulnerables como personas migrantes, niñas y niños desplazados, personas con discapacidad, entre otros. Estos retos no solo reflejan las complejidades sociales y económicas del país, sino también las limitaciones del marco jurídico y las políticas públicas actuales para abordarlos de manera efectiva.

La migración, en particular, ha transformado las dinámicas sociales y jurídicas en México. En los últimos años, el país ha pasado de ser principalmente un país de tránsito a convertirse en un destino para miles de personas migrantes. En 2023, se registró el mayor número de entradas regulares al país en la historia, con cerca de 44 millones de personas, lo que representa un aumento del 132% desde el año 2020 (Instituto Nacional de Migración, 2023). Además, entre enero y febrero de 2023, se registraron 7.4 millones de eventos de entrada a México, de los cuales 6.1 millones fueron de personas extranjeras, un incremento del 37.5% respecto al mismo periodo de 2022 (Secretaría de Gobernación, 2023).

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Migración y derechos humanos: México frente a las nuevas restricciones de EE.UU.

Cruz Castillo Diana Paola[1]

  1. Introducción

Todos buscamos una vida mejor, pero cuando un país no ofrece esa posibilidad, muchos migran en busca de mejores oportunidades. En México, numerosos nacionales intentan llegar a EE.UU., aunque el camino es cada vez más difícil y propenso a violaciones de derechos humanos. Con la toma de posesión de Donald Trump el 25 de enero de 2025, surgen nuevos desafíos para los migrantes mexicanos, lo que exige fortalecer los mecanismos de protección. Es crucial garantizar vías seguras y legales para quienes buscan migrar, así como brindar apoyo jurídico y humanitario a los repatriados, quienes enfrentan una vulnerabilidad extrema considerando su contexto social y cultural.

  1. Nuevas políticas migratorias

A pocos días de asumir la presidencia, Donald Trump ha endurecido su postura contra los migrantes, declarando la migración ilegal como emergencia nacional. Como medidas, anunció el envío de tropas a la frontera y el restablecimiento de la política “Permanecer en México” dentro de su estrategia de represión migratoria[2]. El nuevo mandato de Trump marca un punto de inflexión en la política migratoria de EE.UU., al cerrar la aplicación CBP One, que permitía solicitar asilo. Esta medida afectó a 30 mil citas programadas y dejó sin opción a 240 mil migrantes que intentaron acceder al sistema[3].

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Las mujeres y su derecho a la alimentación en México

Ivet Miriam Pérez Molina*

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales establece en el artículo 11 que “Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación…”. Y en su segundo artículo que “Los Estados Partes se comprometen a garantizar el ejercicio de los derechos que en él se enuncian, sin discriminaciónalguna por motivos de raza, color, sexo…”

Por su parte la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer menciona en el artículo 12 que “….Los Estados Partes asegurarán a las mujeres los servicios apropiados relacionados con el embarazo, el parto y el periodo pos parto, garantizando servicios gratuitos cuando sea necesario durante el embarazo y la lactancia ”, y en el artículo 14 que “Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra las mujeres en las zonas rurales para asegurar, sobre una base de igualdad de hombres y mujeres, condiciones de vida adecuadas, especialmente relacionadas con la vivienda, servicios sanitarios, electricidad, suministro de agua, transporte y comunicaciones”.

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Garantías de Derechos Humanos para las Mujeres Personas Adultas Mayores en México

Por Fernando J. Molinar Bustos y
Acción Social en Defensa de tus Derechos, A.C.*
www.defendemos.org
contacto@defendemos.org

El envejecimiento de la población en México no es solo un fenómeno demográfico, sino una prueba de fuego para la ética social y la política pública de nuestro país.

Según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la población de México es de 129.5 millones; de este total, el 14.7% corresponde a personas de 60 años o más, lo que equivale aproximadamente a 19.1 millones de personas.

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El derecho de las madres trabajadoras al autocuidado

Dra. Gabriela Frías Villegas*

En las narrativas mediáticas del siglo XXI, se espera que las madres trabajadoras sean supermujeres, capaces de tener una carrera exitosa mientras son madres ejemplares, mantienen una casa impecable, y se muestran saludables y hermosas en todo momento. Estas expectativas son inalcanzables para la mayoría de las mujeres, especialmente para aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad o que forman parte de hogares monoparentales. Como principales cuidadoras de sus hijos, estas mujeres suelen relegar sus propias necesidades al último lugar. Bajo una enorme carga de responsabilidades, el autocuidado para ellas a menudo se percibe como un lujo o un acto egoísta, cuando en realidad es un derecho humano fundamental que debe ser respetado.

El autocuidado como un derecho humano

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el autocuidado como “la capacidad de los individuos, las familias y las comunidades para promover la salud, prevenir enfermedades, mantener la salud y afrontar enfermedades y discapacidades con o sin el apoyo de un trabajador sanitario” (Organización Mundial de la Salud, 2024). Según el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (International Covenant on Economic, Social and Cultural Rights, 2024), la salud es un derecho humano. Además, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer establece que las mujeres tienen derecho a “la protección de la salud y a condiciones de trabajo seguras, incluyendo la salvaguarda de la función reproductiva” (Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer | Dirección General de Prevención, Atención y Seguimiento a Casos de Violencia de Género, 2024). La salud física, que incluye la salud mental, es esencial para las madres. Por ello, todas las mujeres deben tener acceso a chequeos médicos y tratamientos que garanticen su bienestar.

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Violencia contra niñas y adolescentes

Alejandra Marlene Gómez Barrera*

En el marco del día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25N), resulta pertinente hablar de forma puntual de las niñas y las adolescentes, como un grupo que es particularmente vulnerado dentro de un grupo ya vulnerado de por sí, esto debido a que en esta población (heterogénea) se intersecta la categoría de edad que complejiza las situaciones de violencia en las que se ven inmersas las mujeres más jóvenes: niñas y adolescentes.

Es importante tener en consideración que las circunstancias que rodean la vida de niñas y adolescentes pueden ser muy variadas: pertenencia étnica, situación de movilidad, pertenencia a la comunidad LGBTTQ+, situación familiar y socioeconómica, discapacidad, situación de salud, etcétera; sin embargo, en estas líneas no se hará referencia a dichas situación, en virtud de que ello requeriría mucho más espacio del concedido en esta ocasión.

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Víctimas de tortura sexual e impunidad en México: el incumplimiento estatal en la investigación y en las reparaciones

Dra. Faviola Elenka Tapia Mendoza*

Hace 10 años el ex Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes de la Organización de las Naciones Unidas, Juan E. Méndez, en el informe derivado de su visita a México en 2014, (cuando aún se encontraba en la titularidad de la Relatoría), plasmó que, “[e]l derecho a la reparación integral para las víctimas de tortura y malos tratos es ilusorio ya que apenas existen casos de víctimas que hayan sido compensadas, asistidas médica y psicológicamente o rehabilitadas en conformidad con estándares internacionales. Las reparaciones recomendadas por las comisiones de derechos humanos no son suficientes ni son generalmente cumplidas. Legalmente la indemnización económica recae sobre la persona penalmente responsable del delito, que en un contexto de impunidad predominante casi nunca ocurre”[1].

Para ello, tendría que reconocérsele primero la calidad de víctima de tortura; sin embargo, resulta poco probable ya que no sólo la práctica de la tortura es sistemática en nuestro país; sino es también sistematico su ocultamiento, al no denunciar de inmediato, cualquier servidor público cuando se sospeche de ésta o de malos tratos, cuando se la reclasifica por otro delito de menor gravedad, cuando no se certifica médicamente ni documenta de manera eficaz ésta, siendo que, cuando se aplique un Protocolo de Estambul, estas falencias suelen ser consideradas como evidencia de ausencia de tortura, por los fiscales encargados de su investigación, así como por jueces para excluir pruebas y no ordenar las investigaciones conducentes cuando se presentan casos en donde exista sospecha de tortura[2], descartando la importancia que tiene dentro de la investigación la evaluación de los impactos psicológicos en las personas sobrevivientes de tortura.

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Violencia simbólica contra las mujeres en redes sociales

Ximena Pérez García*

Introducción

La violencia simbólica es un concepto sociológico propuesto en la década de los setenta, por Pierre Bourdieu, para explicar las dinámicas de dominación que se llevan a cabo en varios ámbitos de sociales, a través de manifestaciones tan sutiles e imperceptibles, que muchas veces, la parte dominada termina aceptándolas sin resistencia e incluso, en algunos casos, reproduciéndolas.

En este breve ensayo, se exponen algunas reflexiones sobre la violencia simbólica contra las mujeres que tienen lugar en los espacios digitales y que, obstaculiza el camino hacia la igualdad sustantiva. Además, se identifican algunos retos y señalan alternativas para abordar esta situación con un enfoque de Derechos Humanos.

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Hacia el fortalecimiento de una política institucional en discapacidad

Patricia Claudia Brogna* y
Marisol Morales Raymundo*

En 2003 el ex Rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente emitió el Acuerdo por el que se establecen los lineamientos para la atención con calidad a las personas con capacidades diferentes en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el que se establecía una serie de direcciones generales para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de personas con discapacidad pertenecientes a la comunidad universitaria o externa, para acceder a las instalaciones y recibir algún servicio. Su principal objetivo era lograr la integración de esta población con “capacidades diferentes” (sic) facilitando su desplazamiento y uso de espacios y recursos a través de especificaciones técnicas de infraestructura y construcción[1].

Sin embargo, en 2022 se actualizó el documento con base a lo establecido por la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, subrayando que la inclusión y la participación efectiva del alumnado con discapacidad se encuentra limitada por las barreras culturales, actitudinales, físicas o del entorno. Por ende, resalta que es preciso implementar políticas nacionales e institucionales para garantizar su derecho a la educación igualitaria, asentada en el trato digno y de la autonomía personal.[2]

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Derecho de tutela judicial efectiva y de acceso a la justicia de personas menores de edad

Rosaura Luna Ortiz*

La reforma Constitucional en materia de derechos humanos publicada en el Diario Oficial de la Federación en junio de 2011 dio pauta para que los legisladores emitieran posteriores reformas vinculadas con el reconocimiento de los derechos humanos de diversos grupos vulnerables, así la reforma del 12 de octubre de ese mismo año al artículo 4° Constitucional se estableció la obligación del Estado de velar y cumplir con el principio de interés superior de la niñez con la finalidad de garantizar de manera plena sus derechos, tutela un verdadero enfoque de derechos humanos en el que los niños, niñas y adolescentes dejan de ser objeto de protección para pasar a ser titulares de derechos.

En concordancia con lo anterior, se debe destacar la reforma del artículo 8° de la Ley de Amparo publicada en el Diario Oficial de la Federación el 2 de abril de 2013, en donde se reconoció el derecho de los menores de edad para solicitar por sí o a través de otra persona sin la intervención de su legítimo representante la protección de la justicia federal, incluso la legislación reconoció el derecho de los menores para solicitar amparo aún y cuando su legítimo representante se negara a promoverlo.

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