Méndez Núñez Nonantzin Donaji*
Moreno Lara Victor Alberto**

Introducción
La designación de México como uno de los países anfitriones de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha desencadenado una acelerada remodelación urbana, que va más allá de los recintos deportivos.
La movilidad en la Ciudad de México, por sí misma, es un calvario debido a la sobrepoblación y saturación urbana; aunado a ello, las largas distancias que los habitantes recorremos a diario, el abarrotamiento de las vías de circulación por parte de los automóviles particulares, metrobús, camiones, trolebús y el retraso de la movilidad férrea hace que este calvario se convierta en una condena de aislamiento para los habitantes de diversas alcaldías.

Mientras los reflectores se centran en la fachada del estadio Azteca (actualmente estadio Banorte por fines lucrativos), las avenidas de alrededor se encuentran colapsadas por una planeación apresurada y totalmente excluyente. Entre más cerca estamos de la fecha del partido inaugural del Mundial 2026, las obras de infraestructura se multiplican con urgencia y por tanto, el caos vial se vuelve indescriptible; con esto, surge una interrogante fundamental: ¿es justo celebrar un evento internacional en una Ciudad que se construye sobre la suspensión del derecho a la Ciudad de quienes la habitamos a diario?
El Artículo 12 de la Constitución Política de la Ciudad de México, menciona que el Derecho a la Ciudad garantiza el uso y disfrute equitativo de los espacios públicos para todas las personas habitantes.

Desafortunadamente, frente a la llegada de uno de los eventos deportivos más esperados a nivel Mundial (FIFA, 2024) este derecho parece haber pasado a segundo término. ¿Dónde queda el disfrute equitativo de los espacios públicos cuando la planeación urbana se alinea a las exigencias de la FIFA? ¿Las remodelaciones actuales serán permanentes y benéficas para los habitantes o simplemente es una escenografía temporal?
Habitantes olvidados

El impacto de esta “transformación” acelerada no es uniforme. Afecta muchísimo más a quienes habitan en las zonas más alejadas del centro. Los residentes de las Alcaldías ubicadas al Sur de la CDMX, se han convertido en víctimas de una planeación que ignora la geografía de la Ciudad. Hoy el regreso a los hogares del estudiantado, de los trabajadores y trabajadoras, es sumamente desgastante, se extiende por horas, duplicando los tiempos de traslado que se hacían previos a las remodelaciones.
El impacto de esta “transformación” acelerada no es uniforme. Afecta muchísimo más a quienes habitan en las zonas más alejadas del centro. Los residentes de las Alcaldías ubicadas al Sur de la CDMX, se han convertido en víctimas de una planeación que ignora la geografía de la Ciudad. Hoy el regreso a los hogares del estudiantado, de los trabajadores y trabajadoras, es sumamente desgastante, se extiende por horas, duplicando los tiempos de traslado que se hacían previos a las remodelaciones. Por un lado, tenemos la reducción de carriles para una ciclovía en la Calzada de Tlalpan, una de las avenidas más importantes y transitadas de la Ciudad de México, que conecta el centro histórico con la zona Sur (Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México, s/f), desafortunadamente, ésta se percibe más como un obstáculo que como una alternativa real; por otro lado, las remodelaciones del metro y tren ligero parecen no tener fin.

Lo más triste de todo esto, es la
gestión selectiva que se está dando en el transporte público. En el último mes,
se ha observado un fenómeno
injusto y muy evidente que hemos vivido en carne propia. La línea completa del
tren ligero, parece funcionar sin contratiempos específicamente los días que se
disputan partidos en el ahora Estadio Banorte, iniciando con esta dinámica en
el partido de México vs Portugal.
Para el aficionado y el turista, el servicio funciona con normalidad; para la población trabajadora y estudiantil, que depende de este servicio a diario, es un calvario de cierres y transbordos. Esta operatividad es una injusticia territorial que el artículo 12 debería proteger.
Recientemente, la jefa de Gobierno ha propuesto trasladar la educación y el empleo al ámbito virtual durante el evento, lo anterior, es una paradoja total. Al incentivar el confinamiento bajo el pretexto de un “Mundial verde”, las autoridades parecen suspender temporalmente nuestro derecho a la ciudad.
Después del silbatazo final. ¿Legado o escenografía?
Lo preocupante de todo lo anterior es: ¿qué va a pasar cuando se acabe el evento? El verdadero desafío en materia de Derechos Humanos, comenzará después de la final. Es necesario que la inversión pública no se retire con las delegaciones deportivas. Las mejoras realizadas en la Ciudad deben transformarse en políticas de mantenimiento permanente, que dignifiquen el trayecto diario del trabajador y estudiantado en el transporte público y particular y no solo durante la estadía del turista; los espacios deportivos y recreativos de las colonias populares hoy lucen impecables, sin embargo, después de las mejoras realizadas, en algunos espacios se ha limitado el acceso para evitar el deterioro. Se debería garantizar que seguirán (como era previo a las mejoras) siendo públicas después del mundial, permaneciendo como espacios recreativos y de cohesión social. La dignidad de la Ciudad no debería ser algo temporal, el derecho a la Ciudad es, por definición, un derecho a la permanencia y al disfrute cotidiano.
Conclusión
La celebración del mundial en México, representa una disyuntiva para la gestión urbana y la vigencia de los derechos humanos. A lo largo del texto, hemos evidenciado que las labores de infraestructura y remodelación (transporte, vialidades, espacios recreativos y deportivos), corren el riesgo de priorizar la imagen global, sobre las necesidades locales, desplazando a sectores vulnerables.
Es una triste ironía que, mientras los habitantes locales soportamos el caos de las obras viales que generan un tráfico inefable y a su vez tiempos de traslados exagerados, no tengamos posibilidad de adquirir un boleto que cuesta entre 375 y 1825 USD para asistir como aficionado a un partido del Mundial ya que, de acuerdo con un estudio del INEGI publicado en 2025, entre el 56 y 65% de la población mexicana representa la clase baja. Con esos precios exorbitantes, el mundial se convierte en un evento de extranjeros en nuestra propia tierra. Estamos construyendo el escenario perfecto, limpio y sin contratiempos, pero a la hora de la función, nos quedaremos fuera, viendo como el derecho al ocio y al deporte, se transforma en un lujo inalcanzable para quienes sostenemos la ciudad.
El éxito del evento debería medirse en
la capacidad de las ciudades anfitrionas para integrar las transformaciones en
beneficio de las personas de quienes las habitan, las trabajan y las sostienen,
de esta forma, el Mundial dejaría de ser una escenografía excluyente, para
convertirse en una cancha para toda la población.
Referencias
Federación Internacional de Fútbol Asociación, Manual jurídico de la FIFA 2024. https://digitalhub.fifa.com/m/cc47480baab80b88/original/wnper7gfz1djub2o8ori-pdf.pdf
Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024. Resultados (Boletín de prensa núm. 301/25), 2025. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/enigh/ENIGH2024_RR.pdf
Secretaría de Obras y
Servicios de la Ciudad de México, Transformación de la Calzada de Tlalpan.
Gobierno de la Ciudad de México. https://www.obras.cdmx.gob.mx/proyectos/transformacion-de-la-calzada-de-tlalpan
