Mota Miranda Erick Moan*

La designación de México como coanfitrión de la Copa Mundial de la FIFA 2026, junto con Canadá y Estados Unidos, marca un hito significativo en la historia deportiva del país, consolidándose como el único territorio en albergar tres veces la máxima justa balompédica. Este evento de magnitud global, si bien promete unidad y una considerable derrama económica, también trae consigo una serie de desafíos y problemáticas estructurales que merecen un análisis crítico ya que, detrás de la narrativa de celebración y desarrollo, subyace la instrumentalización del espacio público y la vivienda como activos financieros. Este proceso se manifiesta de manera particular en las ciudades sede de México (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey) a través del desplazamiento de poblaciones locales, la revalorización excluyente del suelo urbano y la implementación de políticas que priorizan la estética global sobre el tejido social local.
El Mundial 2026 se proyecta como un evento de gran envergadura económica para México. Estimaciones de la Federación Mexicana de Fútbol (FEMEXFUT), publicadas en agosto de 2025 por el diario El País, sugieren la llegada de 5.5 millones de turistas adicionales durante el torneo (del 11 de junio al 19 de julio de 2026), lo que podría generar ingresos por 3,000 millones de dólares y la creación de 24,000 empleos temporales. La inversión total en obras urbanas asociadas al evento ascendería a 1,385 millones de dólares en Guadalajara, 3,195 millones en la Ciudad de México y 3,866 millones en Monterrey. Por su parte, la consultora Deloitte (2026) estimó un impacto económico directo de 1,243 millones de dólares en México, concentrado en consumo, turismo urbano, alimentos y bebidas, representando aproximadamente el 0.14% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.¹
Sin embargo, esta derrama económica no está exenta de críticas. Siguiendo la tesis de David Harvey (2004), el desarrollo urbano para eventos globales a menudo opera bajo la lógica de la “acumulación por desposesión”. En este marco, el capital privado, respaldado por el poder estatal, mercantiliza bienes comunes y espacios públicos. Esto se materializa en la “reurbanización” de colonias periféricas donde las mejoras del entorno no siempre benefician a los residentes, sino que buscan capturar rentas más altas de visitantes internacionales y sectores de mayor poder adquisitivo.² La gentrificación liderada por el deporte describe cómo los estadios y complejos deportivos actúan como anclas de revalorización inmobiliaria, transformando el tejido urbano a su alrededor.

La preparación de la infraestructura para el Mundial, especialmente en zonas tradicionalmente populares como Santa Úrsula en la Ciudad de México, o las inmediaciones de los estadios en Zapopan (Guadalajara) y Guadalupe (Monterrey), no se limita a una mejora estética. Facilita la incursión de plataformas de rentas cortas y el endurecimiento de políticas de “higienismo urbano” entendido como una purga visual que busca eliminar elementos estéticamente disruptivos del paisaje para el consumo turístico. Estas prácticas, a menudo interpretadas como “limpieza social” (la invisibilización punitiva de sectores informales y personas en situación de calle), pueden implicar el retiro forzoso de sectores informales y personas en situación de vulnerabilidad, con el objetivo de proyectar una imagen de “ciudad global” acorde con los estándares de la FIFA.
Saskia Sassen argumenta en The Global City: New York, London, Tokyo, que las ciudades que aspiran al estatus de “ciudades globales” deben ofrecer espacios de consumo estandarizados y “seguros” para una élite transnacional. Esto puede llevar a la sustitución de la identidad orgánica de los barrios por una estética corporativa, impulsada por mecanismos como las plataformas de rentas cortas que despojan al suelo de su función social de vivienda para transformarlo en un activo de inversión hotelera temporal. ³
El mercado habitacional en las ciudades sede ya muestra signos de mutación. La expectativa de recibir a millones de aficionados con alto poder adquisitivo incentiva a los propietarios de viviendas en zonas aledañas a los estadios y corredores turísticos a retirar sus inmuebles del mercado de renta tradicional. El mecanismo de expulsión es indirecto pero eficaz ya que los contratos de arrendamiento a largo plazo son rescindidos o no renovados para transitar hacia el modelo de rentas cortas, provocando que el habitante local ya no pueda costear la vida en su propia colonia, debido al encarecimiento de servicios y productos básicos orientados al turista. En colonias cercanas al Estadio Azteca, como Santa Úrsula o Huipulco, se observa una presión inmobiliaria, con un aumento significativo en el valor del suelo por la cercanía a la “zona de hospitalidad” exigida por la FIFA.
Según Luis Alberto Salinas Arreortua, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, el Mundial no crea la gentrificación, pero “puede servir de pretexto para acelerar los desalojos y los cambios en el mercado de vivienda”. Datos de Airbnb estiman alojar a 380,000 huéspedes durante la Copa del Mundo y generar un impacto económico de 3.600 millones de dólares en las ciudades anfitrionas, con una derrama de 558 millones en México. Esta cifra, es vista como una amenaza por los vecinos.⁴ Por ejemplo, en Santa Úrsula Coapa, los precios de renta de departamentos se han duplicado, alcanzando hasta 20,000 pesos, y la disponibilidad de alojamientos cercanos al Estadio Azteca para las fechas del Mundial es prácticamente nula, ya que se reservan para inflar los precios semanas o días antes del evento.⁵ En Guadalajara, el Mundial 2026 da un notorio incremento en los precios de renta y un desplazamiento hacia alojamientos temporales.⁶
El Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, a través de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi), reportó que en México 8.5 millones de viviendas (24.4%) presentan algún tipo de rezago habitacional, afectando al 26.6% de la población. El 69.1% de los hogares en rezago percibe menos de cinco veces el valor mensual de la Unidad de Medida y Actualización (UMA), lo que limita su capacidad para competir en un mercado inmobiliario en revalorización. Este déficit se concentra en las regiones centro y sur del país, anticipando una especial vulnerabilidad en colonias periféricas de la Ciudad de México como Santa Úrsula y Huipulco.⁷
El Derecho a la Ciudad, teorizado por Henri Lefebvre en su obra “El derecho a la ciudad” publicada en 1968. y reconocido en la Constitución de la Ciudad de México (Art. 12),⁸ establece el derecho de los habitantes a participar en la producción del espacio urbano y a permanecer en él. Sin embargo, los megaeventos suelen imponer un “Urbanismo de Excepción”, donde las exigencias de la FIFA, como zonas de exclusión, perímetros de seguridad y restricciones comerciales, pueden suspender temporalmente las garantías ordinarias de los ciudadanos. Esto prioriza el flujo comercial y la imagen higienizada del entorno sobre el derecho a la permanencia y al trabajo de los residentes locales.
La “limpieza social” existe cuando el Estado recurre al derecho administrativo y a la fuerza pública para remover elementos considerados “estéticamente disruptivos” (comercio ambulante, personas en situación de calle, trabajadores sexuales, etc.) bajo el pretexto de garantizar seguridad y un ambiente aparentemente más seguro para los extranjeros.
Se criminaliza la informalidad, desplazando o confinando el comercio ambulante, un motor económico para miles de familias, con el argumento de proteger los derechos de propiedad intelectual de los patrocinadores de la FIFA. Asimismo, se desplaza a las personas en situación de calle hacia las periferias extremas de la ciudad para evitar que sean captadas por las cámaras internacionales, vulnerando su derecho al libre tránsito y a la asistencia social.
Estas problemáticas generan tensión constitucional. Surge la pregunta de si los acuerdos privados entre el Gobierno y la FIFA, que imponen zonas de exclusión, pueden situarse por encima de los derechos humanos consagrados en los artículos 1º y 11º de la Constitución mexicana, que garantizan la libertad de tránsito.⁹
La Copa Mundial de la FIFA 2026, lejos de ser un evento neutral, se
construye como un dispositivo de reconfiguración territorial que profundiza las
brechas de desigualdad en México. Al facilitar garantías comerciales para una
entidad privada, el Estado relega su función como garante de los derechos
sociales, en particular del Derecho a la Ciudad. Se constata un desplazamiento
invisible, donde la gentrificación en las sedes mexicanas no siempre se produce
mediante desalojos violentos, sino a través de mecanismos económicos
silenciosos como la “Airbnbización” y el aumento generalizado del
costo de vida, que configuran una forma de desposesión de las clases populares.
Las políticas de “limpieza social” e higienismo urbano revelan una
concepción de seguridad orientada a proteger la imagen internacional y el flujo
de consumo, criminalizando la pobreza y la informalidad que son parte del
tejido social y económico auténtico de las colonias populares. El
“legado” del Mundial corre el riesgo de traducirse en infraestructura
desconectada de las necesidades locales y en una crisis habitacional agudizada
para quienes viven en las inmediaciones de los recintos deportivos.
Referencias
Comisión Nacional de Vivienda (Conavi). (20 de mayo de 2021). 8.5 millones de viviendas en rezago habitacional: Conavi. Comunicado 426/2021. Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU). Recuperado de: https://www.gob.mx/sedatu/prensa/8-5-millones-de-viviendas-en-rezago-habitacional-conavi
Constitución Política de la Ciudad de México. (Art. 12).
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. (Art. 1º y 11º).
El País. (25 de octubre de 2025). “Los vecinos del estadio Azteca vs. el Mundial 2026: Se enriquecen a nuestra costa”. https://elpais.com/mexico/2025-10-25/los-vecinos-del-estadio-azteca-vs-el-mundial-2026-se-enriquecen-a-nuestra-costa.html
El País. (26 de agosto de 2025). “México recibirá más de cinco millones de turistas durante el Mundial de 2026”. https://elpais.com/mexico/2025-08-26/mexico-recibira-mas-de-cinco-millones-de-turistas-durante-el-mundial-de-2026.html
Gaceta UNAM. (19 de octubre de 2025). “Los riesgos que vienen con la gentrificación a causa del Mundial”. https://www.gaceta.unam.mx/los-riesgos-que-vienen-con-la-gentrificacion-a-causa-del-mundial/
Harvey, D. (2004). El nuevo imperialismo: acumulación por desposesión. Ediciones Akal. Recuperado de la Biblioteca Virtual del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO): https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20130702120830/harvey.pdf
Instagram. (6 de junio de 2026). “Mundial 2026 dispara la crisis de vivienda en Guadalajara”. https://www.instagram.com/p/DZO8BFqkp4x/
Sassen, S. (1991).
The Global City: New York, London, Tokyo. Princeton University Press. Recuperado de Internet Archive: https://archive.org/details/globalcitynewyor0000sass
* Estudiante de la Facultad de Derecho y Asistente de Investigación del Dr. Alfredo Sanchez Castañeda. Correo electrónico: erick.moan003@gmail.com
