Eduardo Buendía Reséndiz
Cabizbaja andaba La Muerte,
cansada de usar la guadaña,
que decidió descansar
y no vestir de letrada.
De su ausencia nadie se enteró.
La gente alegre de no morir
de festejar nunca cesó,
olvidando sus derechos.
Percatándose de su error
dio rienda suelta a su acción
llevándose entre las patas
a jueces y magistrados.
Diciéndoles entre dientes:
“Al más allá a trabajar,
que aquí holgazanearon
y olvidaron su proceder”

