Jorge Carpizo en el corazón23

La UNAM acaba de publicar el libro Jorge Carpizo en el corazón, colección de testimonos sobre quien fuera rector de la propia casa unversitaria, primer ombudsman mexicano, Procurador General de la República y Secretario de Gobernación, entre otros cargos importantes, en los que fue, en todos ellos como en su vida personal, hondo e inolvidable. Enseguida se transcribe la presentación con que comienza el libro, escrita por Luis de la Barreda.

Presentación

Jorge Carpizo vivió apasionadamente, defendiendo con vehemencia sus convicciones. Salvo el de presidente de la república, ocupó los más importantes cargos públicos en el país, en los cuales puso sus afanes, sus conocimientos y su inteligencia al servicio de los valores más elevados de nuestro proceso civilizatorio: los derechos humanos, la justicia, la solidaridad, el laicismo, las libertades. Nunca dejó de ser un académico —destacadísimo—, pero no declinó los encargos desde los cuales tenía la oportunidad de llevar a la práctica aquello en lo que creía.

Es común que los críticos del sistema al ocupar un puesto en el gobierno se olviden de sus cuestionamientos mientras duran en el mismo. Se trata de conservar el empleo sin hacer mucho ruido. La congruencia puede esperar. Jorge Carpizo era de otra madera. Él decidió desde muy joven hacer carrera académica, pero se le designó varias veces para desempeñar funciones públicas de la más alta relevancia. Al ejercerlas —enemigo de las simulaciones, la mediocridad y el conformismo— remó contra la corriente intentando que su paso por las instituciones fuera fructífero.

En la Universidad Nacional Autónoma de México fue un brillante director del Instituto de Investigaciones Jurídicas y un rector comprometido que diagnosticó los vicios del quehacer universitario y propuso un esfuerzo colectivo por erigir la mejor universidad posible. En la PGR resolvió el asesinato del cardenal Juan José Posadas Ocampo, consignando a los presuntos responsables; consignó asimismo a importantes capos del narcotráfico, incluyendo al Chapo Guzmán, con base en tareas de inteligencia, sin tiros y sin tortura, con pleno respeto a los derechos humanos; emprendió la limpieza profunda de la institución e inició un proceso de capacitación rigurosa de los agentes ministeriales, los policías investigadores y los peritos. En la Secretaría de Gobernación organizó una elección presidencial inobjetable. Como primer ombudsman del país constituyó una Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) creíble, respetable y respetada por todos. No dejó de defender su buen nombre: con la pura fuerza de la razón y la ley obligó a rectificar el contenido de notas calumniosas a El Universal y La Jornada. Como todos los grandes hombres, despertaba admiración pero también odios y envidias de aquellos que ante la grandeza humana se hacen conscientes de su propia pequeñez.

Siguiendo la exhortación de Kipling, Jorge Carpizo llenaba cada hora de 60 minutos de lucha, lo que no le impedía disfrutar plenamente de la vida. Amaba los viajes, la música, la lectura, la conversación, el vino y la amistad. Sensible en todos los temas, en una ocasión, mientras escuchábamos a Elvira Ríos, me dijo que la mejor voz de las cantantes de bolero mexicanas era la de Toña la Negra, pero que la de Elvira, en su gravedad sensual, le daba a los boleros toda la intensidad dramática que la letra —amores contrariados, corazones rotos, desengaños amorosos, relaciones clandestinas— requería.

Me honró invitándome a fundar el Programa Penitenciario de la CNDH. Sin que nunca me lo revelara —su generosidad jamás buscó agradecimientos—, sé que fue él quien sugirió al presidente Carlos Salinas de Gortari que me propusiera ante la Asamblea Legislativa del Distrito Federal como primer presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) y al rector José Narro que me designara coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM. Me brindó siempre su amistad y su confianza; como amigo, el doctor Carpizo era insuperable. Su generosidad fue extraordinaria. Al respecto, el episodio que narra en estas páginas Beatriz Barros es conmovedor y admirable.

En este libro, que surge por iniciativa del Doctor José Narro y es parte del homenaje póstumo que le brinda la UNAM, algunos amigos del doctor Carpizo evocamos momentos que tuvimos el privilegio de compartir con él: travesías, canciones, charlas, deleites gastronómicos y episodios dramáticos.

En los textos de esta obra encontrarán los lectores el lado menos conocido de Jorge Carpizo, su fase más personal y humana. Sus amigos tenemos muchas cosas que agradecerle. Lo que yo más le agradezco es haber probado que, aun en las circunstancias más difíciles, es posible mantenerse leal a los sueños y los principios.

Lo recordamos con cariño y nostalgia, con tristeza por su partida pero con alegría por haber disfrutado de su amistad y, desde luego, con admiración. Jorge Carpizo enriqueció tanto al país como la vida de todos nosotros. Ω



[23] NARRO Robles, José y otros. Jorge Carpizo en el corazón (testimonios). UNAM. México. 2013. 168 p. ISBN 978-607-024315-8