El persistente problema del trabajo infantil y su relación con la pobreza
de niños, niñas y adolescentes

Mtra. Alexandra Aguilar Bellamy[1]

Introducción

El trabajo infantil en México ha tenido una reducción importante en los últimos años.[2] Según el último Módulo de Trabajo Infantil, en 2013, 2.5 millones de niños, niñas y adolescentes (NNA) entre 5 y 17 años, se encontraban ocupados, una disminución del 17% con relación a los 3 millones de NNA identificados en 2011 (ENOE/INEGI/STPS, 2015). Estos resultados son alentadores, ya que la tasa de ocupación laboral infantil también logró disminuir en dos puntos para colocarse en 8.8, a diferencia del periodo entre 2011 y 2009, donde se mantuvo prácticamente en el mismo nivel al pasar del 10.9 a 10.5 (INEGI/ENOE, 2013).

No obstante, algunos indicadores continúan siendo una preocupación, como son el elevado número de NNA que por trabajar no asisten a la escuela y el porcentaje de población infantil que no recibe ninguna remuneración por el trabajo que realiza. En 2013, la población infantil ocupada (PIO) que no asistía a la escuela representó el 36% —más de 900 mil NNA que no asisten a la escuela por trabajar— mostrando una ligera baja del 39% observado en 2011.

       El porcentaje de no asistencia por ocupación resulta mucho más elevado para la población infantil masculina  (38%) que para la población infantil femenina (32%), lo cual probablemente se relaciona con el tiempo dedicado a las actividades laborales. En el caso de la población infantil masculina, 31% dedica más de 35 horas a la semana para realizar actividades laborales, mientras que en la población infantil femenina, este porcentaje es del 25%. Los porcentajes por rangos de edad de la PIO mantienen la misma relación que en años anteriores: alrededor del 70% tiene entre 14 y 17 años; las niñas y niños entre 10 y 13 años abarcan alrededor del 22%, mientras que los niños y niñas entre 5 y 9 años conforman el porcentaje restante (INEGI/ENOE/STPS, 2015).

       Adicionalmente, como puede observarse en la tabla 1, la población infantil ocupada  que no recibe ninguna remuneración, ha ido en aumento desde 2007 —con excepción del 2009— para colocarse en un 46% de la PIO. Esto puede ser indicativo de que el nivel de explotación laboral de NNA va en aumento y que también existe una recomposición de los roles de género hacia adentro de los hogares. Esto significa que los roles de reproducción social en el ámbito doméstico y en las parcelas familiares se quedan bajo la responsabilidad de NNA, ante la incorporación de ambos padres de familia al trabajo remunerado.

       La preponderancia de la mano de obra infantil en ciertos sectores de la economía da un retrato también de los hogares en los que vive la población infantil trabajadora. El sector agrícola sigue siendo el sector donde se concentra la mayor ocupación infantil, ya que incorpora al 30.5% del total, alrededor de 780 mil NNA en 2013 (tabla 2). Esto representa un aumento de un dígito respecto a los resultados de 2011.

       El trabajo agrícola es aún el sector que tradicionalmente incorpora a NNA al trabajo de forma más temprana, ya que responde a un ámbito de formación de capacidades laborales que son reconocidas aún en las sociedades campesinas e indígenas. No obstante, se observa una fácil transición del trabajo formativo y de apoyo en la milpa familiar, al trabajo remunerado como jornaleros agrícolas bajo esquemas intensivos de explotación laboral. Es probable que la tendencia al alza en el porcentaje de PIO en el sector agrícola responda también al mercado salarial que se ha observado en dicho sector en los últimos años.[3]

       Por otro lado, la PIO en el sector de servicios observó una tendencia a la alta entre 2009 y 2011, al pasar del 23.5% al 26.7%; sin embargo, en 2013 experimentó una disminución significativa de dos puntos porcentuales, para colocarse en el 24.5% (INEGI/ENOE, 2013, 2015). Esto probablemente se deba a la importante labor que organizaciones civiles e internacionales han hecho para sensibilizar al sector sobre el trabajo infantil. También puede deberse al aumento en el uso de la tecnología que se experimenta en este sector y que requiere un nivel educativo más elevado.

Tabla 1. Indicadores básicos longitudinales sobre el trabajo infantil en México

Módulo Población entre 5 y 17 años Población ocupada entre 5 y 17 años Tasa de ocupación población entre 5 y 17 años % Población ocupada que no asiste a la escuela % Población ocupada que no recibe un salario por su trabajo
2007 30,457,006 3,832,010 12.6 41.6 45.5
2009 29,873,949 3,247,289 10.9 39.7 48
2011 29,357,598 3,077,069 10.5 39 44
2013 29,337,620 2,536,693 8.6 36 46

Fuentes: Elaboración propia con datos del MTI 2007, 2009, 2011 y 2013 ENOE/INEGI.

       En lo que se refiere al sector comercio, hay un cambio marginal respecto a los resultados de 2011 al pasar del 25.4 al 26%; es en el sector manufacturero donde se observa el mayor cambio porcentual al alza, en más de un punto porcentual al pasar del 11.9 al 13%. Si bien este último sector se mantiene muy por debajo del porcentaje de los sectores agrícola, de servicios y comercio, el aumento puede estar respondiendo a un mejor nivel salarial o también a las dinámicas de inspección en materia de trabajo infantil, lo cual pueda estar empujando el trabajo de NNA a sectores menos vigilados.

Tabla 2. Población infantil ocupada entre 5 y 17 años a nivel nacional por participación en sectores de la economía

Indicador Población Porcentaje
Población infantil (PI) total20112013 28, 878, 85129, 337, 620 100
PIO sector agrícola20112013 894, 649773,300 29.530.5
PIO sector manufacturero20112013 360, 694330,188 11.913
PIO Construcción20112013 146, 847107,023 4.84.2
PIO Comercio20112013 771, 671657,730 25.426
PIO Servicios 20112013 809, 347623,495 26.624.5
Otro20112013 52, 25844,957 21.8

Fuente: Fuentes: Elaboración propia con datos del Módulo de Trabajo Infantil 2011 y 2013 (INEGI/ENOE, 2013, 2014)

       En lo que se refiere a las actividades domésticas, la participación de la PIO en estas actividades y que no asiste a la escuela no es tan elevada como en el caso de las actividades remuneradas; aún así, alcanza una tasa del 9.5% siendo ligeramente más elevada para la población infantil femenina (10.6%) que para la masculina (8.3%) (INEGI/ENOE, 2013).

       El papel de la remuneración en la ocupación infantil es un elemento importante para entender la aportación del trabajo infantil a la economía de sus hogares. Como lo muestra el MTI 2013, 54%  de los NNA ocupados recibían alguna remuneración por su trabajo, un alza de 6 puntos porcentuales respecto a los resultados de 2009. Este incremento puede entenderse probablemente por las crisis económicas que se observaron a lo largo de la década pasada, entre 2005 y 2006, y posteriormente entre 2008 y 2009, las cuales incrementaron los niveles de pobreza entre la población, obligando a muchos NNA a incorporarse al trabajo remunerado.[4]

       Lo anterior también se sostiene al observar los datos relativos a las razones para trabajar. El MTI 2013 señala que la aportación de los NNA es importante para cubrir las necesidades del hogar ya sea económicamente (8%), con su trabajo (22.5%) o aportando para sus gastos escolares (23%); sólo un 13% de la población infantil reconoció tener como interés principal el aprender un oficio. Un dato interesante no identificado en levantamientos anteriores es el importante porcentaje de NNA que reconocen trabajar por gusto (22%) probablemente en preferencia a su asistencia a la escuela (INEGI/ENOE, STPS, 2015).

Pobreza, la causa de fondo del trabajo infantil

El trabajo infantil está ampliamente vinculado con la situación de pobreza de los hogares en que viven NNA. En el reciente estudio Pobreza y derechos sociales de niños, niñas y adolescentes 2014, elaborado por UNICEF y CONEVAL se muestra un panorama poco optimista para solucionar de base muchos de los problemas que enfrenta la infancia en México, entre ellos el trabajo infantil.

       De los casi 40 millones de NNA entre 0 y 17 años que hay en el país, el 53.9% son considerados como pobres. Si tomamos en cuenta la variable de los NNA que hablan alguna lengua indígena, el porcentaje de pobreza aumenta al 91%.

       La cifra de los NNA en extrema pobreza no es más optimista: 4.6 millones se encuentran en extrema pobreza (11.5%) y presentan 3 o más carencias en sus hogares. Entre la población infantil indígena, el porcentaje de extrema pobreza aumenta al 54% aunque presentan, paradójicamente, una menor vulnerabilidad por carencias sociales: el 8.4% entre la población indígena respecto al 20.6% en la población infantil total. Algunos analistas han buscado explicar esto a partir de la importante cobertura de los diversos programas sociales federales, aunque es probable que la percepción de los sujetos sociales esté jugando un papel en estos intrigantes resultados.

       La pobreza en la infancia es también resultado de la pobreza de sus hogares, especialmente entre la población infantil más pequeña. La relación entre el porcentaje de población de 18 años y más en situación de pobreza mantiene una correlación con el porcentaje de la población infantil aunque no en todo los casos. Como se puede observar en la gráfica 1, los mayores porcentajes de pobreza extrema y moderada tienden a presentarse en las etapas de la primera infancia y niños y niñas en edad escolar primaria. Esto resulta grave en tanto que es en esta etapa donde se desarrollan muchas de las habilidades físicas, cognitivas y emocionales de los niños, y está ampliamente documentado que carencias relacionadas con la pobreza, ponen en riesgo el desarrollo pleno de un niño para la etapa adulta.

Gráfica 1. Porcentaje de carencias sociales, por rango de edad en la población de 0 a 17 años

Un estudio reciente de Save the Children, ha observado que los adolescentes que se convierten en padres tienden a tener mayor nivel de precariedad y pobreza, y sus hijos cuentan con una probabilidad mayor también de vivir en pobreza (Save the Children, 2016). En efecto, el estudio elaborado por UNICEF confirma esta percepción, ya que los mayores niveles de pobreza y pobreza extrema se encuentran en los márgenes de la curva de edad de los jefes de hogar: ya sea por ser jóvenes (menores de 29 años), donde el 56% está en situación de pobreza, o por ser adultos mayores (mayores de 65 años), donde el 59.2% la padece.Como se puede también observar en la gráfica de arriba, la falta de acceso a la seguridad es la más sentida entre los NNA. El porcentaje está por encima del 60 % para todos los grupos de edad, pero su punto más alto se observa entre los adolescentes de 12 a 17 años (65%). Así también, la carencia por alimentación parece afectar más a la población de adolescentes, acercándose al 30% ,y en el caso de la población indígena, superando el 45%. Los hogares y los adolescentes indígenas parecen enfrentar los mayores índices de carencia también en lo que se refiere a la vivienda de calidad y al acceso de servicios básicos con porcentajes muy elevados, por arriba del 50% para el primero y 80% en el caso del segundo. Es de resaltar que la carencia por acceso a los servicios de salud es especialmente elevada para el grupo de edad entre 0 y 1 año, dato paradójico cuando Prospera y la Secretaría de Salud han puesto un especial énfasis en la atención a mujeres embarazadas y la población de recién nacidos.

       La mayor pobreza también está relacionada con un bajo nivel educativo en el jefe/a de hogar, ya que el 74.2% de la población sin primaria terminada se encuentra en esta situación y se reduce ligeramente en la población con primaria terminada para colocarse en el 66.7%. Es en el rango de la población con preparatoria completa donde el porcentaje de pobreza se reduce de manera importante al 25% (UNICEF/CONEVAL, 2016).

       La brecha entre localidades rurales y urbanas sigue siendo un factor importante en la pobreza de NNA. Los indicadores respecto al rezago educativo, el acceso a servicios de salud y a la alimentación han logrado reducir relativamente la brecha entre localidades urbanas y rurales; no obstante, en el resto de los indicadores, las carencias resultan abismales: en materia de acceso a la seguridad social, el porcentaje de carencia se duplica; en el de carencia de calidad de vivienda los números se triplican, mientras que en el acceso a servicios básicos en la vivienda, se sextuplica.

Gráfica 2. Porcentaje de población por carencias seleccionadas y por tamaño de localidad

 


La relación de pobreza en las entidades federativas también determina en gran medida el nivel de pobreza de NNA y sus oportunidades futuras. Lamentablemente, el mapa sigue señalando a los mismos estados que durante décadas se han mantenido en la pobreza, a pesar de los importantes flujos financieros y en apoyos sociales. Como se puede observar en el mapa 1, Chiapas (82.3%), Oaxaca (72.6%), Guerrero (72%) y Puebla (71.6%) siguen liderando las entidades federativas con los mayores porcentajes de pobreza entre la población de 0 a 17 años. En números absolutos, el Estado de México presenta la mayor cantidad de población entre 0-17 años en situación de pobreza (3.1 millones).

       La continuidad de altos porcentajes de pobreza en los estados con las regiones indígenas más importantes del país, y en especial entre sus nuevas generaciones, deberían de estar entre las prioridades de la agenda pública, no solo de los gobiernos de los estados, sino también del gobierno federal. Claramente el entendimiento de la problemática no ha sido correcto hasta este momento y no ha logrado transformar las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales que mantienen a millones de niños, niñas y adolescentes en la pobreza.

Mapa 1. Porcentaje de población entre 0 y 17 años en situación de pobreza por entidad federativa

Los porcentaje estatales de pobreza también muestran una realidad más cruda: el porcentaje de la pobreza extrema. Como se puede observar en la gráfica 3, nuevamente la población en pobreza extrema en Chiapas, Oaxaca y Guerrero constituye casi la mitad del porcentaje de población que se encuentra en pobreza. Estos estados también muestran niveles altos de violencia social e institucional, los cuales impactan directamente en el bienestar integral de NNA.

       En el polo opuesto, Aguascalientes, el Distrito Federal y Nuevo León,  presentan la pobreza extrema más baja. Si bien existen muchos factores que contribuyen a disminuir este indicador, es importante reconocer que la dinámica económica y las políticas sociales que caracterizan a estas entidades federativas son relevantes para generar políticas encaminadas a disminuir la privación social tan elevada en algunos estados y municipios.

Gráfica 3. Porcentaje de población de 0-17 años en pobreza moderada y pobreza extrema por entidad federativa

 

Finalmente, el estudio de UNICEF/CONEVAL 2014 nos permite llegar a una conclusión ya intuida por muchos: la evolución en los índices de pobreza y carencia sociales para la población entre 0 y 17 años en el periodo entre 2010 y 2014 es estadísticamente poco significativa. Si bien el desempeño en la mejora por carencias sociales muestra un escenario más positivo, especialmente en el acceso a servicios de salud, estos resultados muestran que los recursos millonarios que se han destinado para resolver el problema de la pobreza en el país, no están siendo bien distribuidos ni han modificado las causas reales de la pobreza entre la población más vulnerable (gráfica 3).

Gráfica 3. Evolución de la pobreza entre la población de 0 a 17 años, 2010 – 2014

Los datos anteriores muestran que los problema de pobreza y el trabajo infantil no son solo persistentes, multivariados y multisectoriales, sino que probablemente los diagnósticos y las hipótesis generadas hasta ahora no han sido las adecuadas. Esto significa que sin una política adecuada de carácter local-regional que modifique los causales de la pobreza en las familias rurales e indígenas, difícilmente se logrará enfrentar este problema y menos aún, mejorar la vida presente y futura de la población infantil en esta situación.

Referencias

El Financiero (2014). Sector agrícola pide establecer salario mínimo para trabajador de campo, Sección Economía, 01/09/2014 disponible en http://www.elfinanciero.com.mx/economia/sector-agricola-pide-incluir-salario-minimo-para-trabajador-del-campo.html

ENOE/INEGI (2013). Módulo de Trabajo Infantil 2011, datos estadísticos disponibles en http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/encuestas/hogares/modulos/mti/mti2011/default.aspx

ENOE/INEGI/STPS (2015).  Módulo de Trabajo Infantil 2013, datos estadísticos disponibles en http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/encuestas/hogares/modulos/mti/

Save the Children (2016). Embarazo y Maternidad en la Adolescencia, México: Save the Children, disponible en https://www.savethechildren.mx/sites/savethechildren.mx/files/resources/Estado%20de%20las%20Madres%20en%20Mexico%2C%20Embarazo%20y%20Maternidad%20Adolescente_0.pdf

SEDESOL (2010). Encuesta Nacional de Jornaleros Agrícolas, México, SEDESOL, disponible en www.sedesol.gob.mx

UNICEF/CONEVAL (2016). Pobreza y Carencias Sociales de Niños, niñas y adolescents 2014, México: UNICEF/CONEVAL, disponible en http://www.unicef.org/mexico/spanish/MX_Pobreza_derechos.pdf

[1] Investigadora del Programa Universitario de Derechos Humanos de la UNAM.

[2] Según la Organización Internacional del Trabajo, el trabajo infantil se define como todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su bienestar físico, mental o moral del niño e interfiere o evita su escolarización. La OIT también reconoce que puede existir un tipo de trabajo ligero que los niños y las niñas pueden realizar por periodos cortos pero que no debe de exceder de 14 horas a la semana y siempre y cuando no sea de naturaleza peligrosa. Fuente: www.oit.org

[3] El ingreso como trabajador agrícola en el país va de 120 a 150 pesos diarios por una jornada de 10 horas, sin seguro social ni prestaciones; no obstante este salario puede representar el doble de los salarios que reciben los trabajadores en sus localidades de origen que puede ser entre 70 y 100 pesos. Esto explica que un porcentaje importante de la población campesina e indígena en la zonas más pobres del país migren para contratarse como jornaleros agrícolas, incluyendo a niños, niñas y adolescentes (ENJO, 2010; El Financiero, 2014).

[4] Según los resultados observados por el CONEVAL, los niveles de pobreza patrimonial por ingreso entre la población mexicana aumentaron entre 2006 y 2010 en 9 puntos porcentuales pasando del 42.9% al 51.1%. En el mismo sentido, se observa el aumento de la pobreza por capacidades en 6 puntos y en 4 para la pobreza alimentaria, www.coneval.gob.mx. No se toman en cuenta los datos correspondientes a la pobreza multidimensional por la dificultad de generar un análisis histórico comparativo.